Las raíces perfumadas de las distintas culturas, desde los óleos sagrados egipcios, hasta la "fragancia de autor"
del siglo XX.
Desde el rey Salomón a Luis XV, perfumarse ha sido esencial, consustancial al ser humano, bien como símbolo de
poder y estatus, bien como medicina o afrodisiaco, más allá de sus connotaciones religiosas. Es complejo datar su
origen, pero sí se puede deducir su función principal: el culto. El buen olor siempre ha sido lo opuesto al hedor
propio de la muerte y la enfermedad. La combustión del incienso o sahumerio, perfume primitivo por excelencia,
embajador de la fe, ubicuo y transcultural, demarcaba el espacio sagrado generando una atmósfera emotiva que
invitaba a elevarse más allá de la conciencia para comunicarse con lo divino. Desde el sintoísmo al budismo, del
hinduismo al islam, esa inmanencia espiritual siempre fue definida por la fragancia. Esta obra pretende surcar la
historia analizando diferentes culturas para desenmarañar sus raíces perfumadas, desde los óleos sagrados
egipcios y las hedónicas composiciones árabes e indias hasta las primeras moléculas de síntesis del XIX que
impulsaron la democratización del perfume, para eclosionar en el XX, cuando la moda se alió a la fragancia “de
autor” para sellar su compromiso imperecedero.